Diario de un confinamiento: día 20

Llevamos 20 días encerrados en casa (he salido un par de horas al super en dos días distintos). La cosa se pone interesante para poder gestionar el tiempo y, a la vez, las emociones. Como en el anterior post Diario de un confinamiento me puse un poco intensa y negativa, esta vez voy a intentar dare otra perspectiva. ¿Qué os parece si hablamos de cómo sobrevivir a esto sin volverse majaras? Vamos allá.

Mientras la situación ahí fuera está cada vez más fea (más infectados, más muertos y más descontrol), nosotros en casa hemos mejorado nuestra organización y nuestra paciencia. Releo estas líneas y parece que no sea yo la que escribo. «Ahí fuera«, «infectados» «muertos«. Hace tan solo un mes esto era impensable. ¡Era simplemente una gripe!

De esta pandemia, sus efectos y consecuencias hablaremos años y años, algunos con más fortuna que otros. Nuestros nietos van a tener que sufrir escuchando nuestras batallitas de aquí a la eternidad.

Anímicamente estamos bien, con las tensiones típicas de convivencias de 24 horas. Pero dadas las circunstancias, podría ser mucho peor.

Los niños nunca dejan de sorprender

Los que lo llevan mejor son los niños, curiosamente. Sin duda la capacidad de adaptación de mis hijos a mí me tiene fascinada. El mayor, de 5, me ha preguntado en un par de ocasiones si al día siguiente ya hay cole, pero no ha mostrado ni gota de tristeza o miedo ante lo que está pasando. El otro día hasta hizo un comentario bastante chocante. Nos dijo que a él le encanta ir de vacaciones y comer fuera, pero que estar en casa los cuatro es genial.

La pequeña, de 2, ha hecho alguna referencia a salir a la calle pero sin más trascendencia. Pero es cierto que tantos días en casa, se notan. Y viendo la situación con perspectiva y asumiendo que esto va para largo (¡ay qué risa cuando los 15 días iniciales nos parecían una eternidad!) pues creo que, por muy bien que lo lleven, esto va a tener consecuencias para ellos a nivel físico y emocional. Un niño no puede permanecer dos meses en casa sin salir (algunas familias viven en piso muy pequeños, sin ni siquiera balcón), sin ver a su familia o a sus amigos.

A mí me parece genial que los animales tengan derecho (porque lo tienen) a salir a pasar a 100 metros de su casa con su dueño. Pues yo, como madre, también creo que mis hijos tienen necesidad de salir. A 100 metros de mi casa, conmigo o con su padre, sin quedar con nadie sin ir al parque o a la playa.

Y sí, hay gente que se está saltando las normas. Así que el argumento que si dejan salir a los niños la gente se pasará las normas por bandera no me sirve. Porque eso ya está pasando. Y si alguien no cumple, se le sanciona.

Home

Tenemos mucha suerte. Vivimos en un piso (no muy grande) pero con una gran terraza y eso nos da la vida. Con el buen tiempo, cualquier momento es bueno para subir arriba: a jugar, a correr, a merendar, a hacer un picnic… Es la manera de evadirnos, movernos un poco y, sobre todo, respirar un poco de aire y que nos dé el solecito.

Pero claro, no todos los días hace bueno. Y los días que hace mal tiempo, como esta semana, son demenciales. El piso se vuelve más pequeño aun y los niños necesitan espacio y más libertad de movimiento. Esos días son los que, a media tarde, ya se notan los efectos del confinamiento y están más irritables y nerviosos. Lo mismo que nosotros.

Rutinas

Esto para mí es clave. En cuarentena y fuera de ella. Nosotros llevamos el mismo horario todo el año. Salvo alguna excepción puntual, comemos, cenamos y nos vamos a dormir a la misma hora. No importa si hay colegio o son vacaciones de verano.

No es una manía mía, es que mis hijos así me lo «piden». Quizá no verbalmente, pero la falta de rutina les descontrola y les afecta mucho, tanto en su comportamiento, como en el estado anímico. Así que, en ese sentido no hemos tenido que hacer un sacrificio porque seguimos cenando a las 20h. y llevándolos a dormir a las 21h.

TAREAS

Las rutinas nos llevan a seguir una organización en lo relativo a las tareas. Y eso nos implica a todos. Cuando nos levantamos, nos aseamos y nos vestimos (aunque sea con ropa cómoda, pero no nos quedamos en pijama todo el día). Después desayunamos.

Lo siguiente que hacemos, son las tareas de casa. Las camas, recoger la cocina después de desayunar, poner lavadoras y lo que toque ese día. Y ahí también estamos involucrando mucho a los niños. Cada uno con sus limitaciones por la edad, pero los dos ya tienen capacidad suficiente como para ayudarnos (a llevar la ropa a la lavadora, a poner la mesa, a doblar su pijama…).

deberes y actividades

A primera hora tienen un rato de juego libre. Pienso que estos días nos estamos desquiciando un poco con mil actividades para los niños y nos estamos olvidando de lo más importante: tienen que jugar. Tienen que aburrirse también para poder despertar su lado creativo, jugar a su aire, inventar historias y aventuras…

Además, la mayoría de las actividades propuestas (a nivel académico o lúdico) son en la tele o tablet. Y no me parece que ahora mismo los niños necesiten estar tantas horas delante de una pantalla. Por muy educativo que sea. Nosotros también hemos aumentado el consumo de pantallas estos días (más horas en casa, mayor demanda de pantallas) pero seguimos siendo bastante cautos en esto y buscando otras fórmulas (manualidades, lectura, cocinar, juego simbólico…).

Desde el colegio del mayor nos mandan actividades diarias (sencillas) para hacer solos o en familia (leer, escribir, dibujar, cantar una canción, hacer alguna actividad física…). Cada día hacemos una distinta, que combinamos con alguna otra actividad relacionada (formar palabras, hacer alguna suma sencilla, hacer agrupaciones o trazos, series…). La profesora de inglés de las extraescolares también nos manda vídeos a modo de clase online para hacer y así seguir practicando inglés.

TRABAJAR DESDE CASA… CON NIÑOS

Todo ese combo hay que combinarlo con el teletrabajo. Eso sí es un cachondeo y un caos. Tengo la sensación que trabajo 24 horas al día pero no avanzo a penas con mi trabajo «oficial» y otros muchos proyectos en los que estoy metida. Porque encima me va la marcha.

Hemos hecho un cuadrante para organizarnos las horas pero, oh, misteriosamente se incumple la mayoría de días. Así que toca trabajar a horas intempestivas, cuando duermen o pegarse el gran madrugón para poder, al menos, concentrarse un poco. Creo que mi experiencia en este campo da para otro post.

deporte

Nunca he hecho tanto deporte como ahora. En septiembre decidí apuntarme a clases dirigidas para evadirme un poco y hacer algo de ejercicio pero iba un par de días a la semana que en ocasiones tenía que saltarme por motivos varios. Pues bien, desde que estamos encerrados he buscado rutinas deportivas para mantenerme activa cada día. Me lo pide el cuerpo pero, especialmente, la mente.

Los días que no he podido (porque he estado con anginas y hecha polvo) lo he notado muchísimo. La actividad física me está salvando de volverme majara y de agobiarme. Me da igual si es cardio, baile, yoga o pilates… cada día a media tarde me busco un rincón tranquilo de casa, le doy al play y ese rato es fundamental.

Y hasta aquí nuestro modus operandi estos días. Ojalá no tenga que escribir muchos más posts sobre este tema. Eso querrá decir que esta pesadilla termina.

Un comentario en “Diario de un confinamiento: día 20

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