Diario de un confinamiento: día 10

Ni en mis peores pesadillas hubiera podido imaginar escribir este post. Confinados en casa por la amenaza de un virus. Como si fuera una película de sobremesa de un domingo por la tarde. Y aquí estamos, en nuestro décimo día sin salir de casa (más que para urgencias como comprar). Me parece tan surreal que no sé si voy a ser capaz de terminar esta entrada del tirón. Lo voy a intentar.

YO

De momento lo llevo bastante bien. Tengo momentos de todo tipo pero, para mí, que soy de ir de aquí para allá y no soy capaz de estar un día entero sin salir de casa… esto es todo un reto y creo que estoy llevándolo mejor de lo esperable.

NOSOTROS

Trabajamos desde casa (mi marido hace algunas horas en la fábrica, pero muy pocas) y en estos 10 días yo solo he salido dos veces a hacer la compra. Teletrabajar da para escribir un libro. Os lo resumiré en: mi marido saca adelante su jornada laboral y yo hago lo que puedo. Eso ha provocado bastante tensión porque, además de ser injusto, es indignante. Yo también tengo trabajo y una responsabilidad. y no va conmigo vaguear, sinceramente.

Hemos hecho cuadrantes para organizarnos mejor pero raro es el día que se cumplen. Por no hablar de las tareas de casa. Como él se pasa la mayor parte del día trabajando aislado (yo trabajo en el salón con los niños – nivel de concentración -10) pues también me desdoblo para poner lavadoras, pasar la mopa y hacer la comida mientras pintamos, cantamos o hacemos un puzzle.

ELLOS

Mis hijos, de 5 y 2 años, no han salido a la calle en 10 días. Ellos son mi única preocupación. No pienso en el trabajo, en la faena que no saco adelante, ni en la posibilidad de enfermar, ni en el daño que todo esto estará haciendo a la economía del país… solo pienso en ellos. En cómo puede este aislamiento afectarles emocional y psicológicamente.

Porque tengo muy claro que les va a afectar. Y también que nadie está pensando en los niños. Creo que no tiene ningún sentido que los niños no puedan salir a la calle. No hablo de ir al colegio o al parque, no hablo de socializar con otros niños, hablo de salir. De dar la vuelta a la manzana, de ir al supermercado con todas las precauciones posibles, hablo de vivir.

Mis hijos no han visto a sus abuelos paternos en dos semanas, muchas más en el caso de los maternos. Ni ven a sus amigos, ni a sus tutoras, ni van a la escuela, ni hacen vida la normal. Sí, lo sé. Serán unos días, unas semanas, unos meses…. Bien, en realidad, no lo sabemos. Pero, como os decía, tengo muy claro que esto supondrá un antes y un después. Y sinceramente, no tengo ni ni la más remota idea de cómo voy a afrontarlo ni a arreglarlo. Y, eso, me atormenta.

infoxicación

La información de los últimos 15 días me sobrepasa. Y para una periodista decir esto es muy heavy. No soy capaz de asimilar nada más. Las noticias, las redes sociales, el whatsapp… información veraz vs bulos; hechos contrastados vs opiniones de pseudoexpertos (porque ahora resulta que en nuestro país tenemos miles de epidemiólogos / cuñados que lo hubieran hecho mil veces mejor y hubieran evitado la propagación del COVID19); muertos, contagiados, negligencias, vergüenzas del estado al descubierto, teorías conspiranoides….

Mensajes y más mensajes. Bulos, audios absurdos, remedios caseros, fabricación de material sanitario inservible en casa… No puedo más. Estoy infoxicada.

PARANOIA

Es cosa mía… ¿o hay mucha paranoia en las calles? Primero fue la avalancha en masa a los supermercados a por provisiones; a las farmacias a por mascarillas…. Pero ahora, aunque todo está más tranquilo, me da la sensación que la mirada de las personas es de desconfianza, de miedo. ¿Y si el de enfrente de la cola del super tiene el virus? ¿Y si mi vecino lo ha cogido? ¿Quién lo tiene y quién no? No sé, quizá sea solo mi imaginación y paranoia.

ira

Estoy enfadada. Entiendo que todos lo estamos. Pero no sirve de nada sacar el dedo acusador y atacar a cualquier persona. Nos hemos convertido en la Gestapo del momento, criticando, fotografiando y adivinando el motivo por el cuál esa persona ha salido hoy. Sí, yo también he visto situaciones indignantes las dos únicas veces que he salido. Pero no he tenido la desfachatez de darle más bombo al asunto. Estoy viendo en redes fotos de gente que, sinceramente, no tenéis ni idea de lo que hace, dónde va, y si está en su derecho o no de hacerlo.

Coherencia

No he salido ni un solo día al balcón. No porque no me parezca bien. Ni me molesta que la gente salga, al contrario, me parece un gesto muy bonito. Apoyar a los sanitarios, a los cuerpos policiales, a las cajeras, a todo cristo, vaya. Pero, mañana, cuando todo esto termine. acordémonos quién apoya de verdad a los trabajadores, quién defiende la sanidad pública, quién lucha por los derechos de esas personas. Podéis seguir aporreando cacerolas. O podéis reflexionar de verdad cuando llegue el momento.

Politizando la crisis

Tenía que pasar. Los memes simpáticos sobre el encierro se entremezclan con críticas al gobierno de turno; medallitas para unos; lucha de partidos… Me llegan textos absurdos mezclando esta pandemia con la independencia, con el comunismo, con el feminismo… ¿Nos hemos vuelto locos?

Este virus no entiende de clases, de estatus, de colores o de ideologías. Ha pasado por medio mundo, por países donde gobiernan partidos de todos los colores. Todos ellos han cometido errores, seguro, pero también estoy convencida de que han tenido muchos aciertos.

He conseguido terminar el post. Lamentablemente no con el objetivo inicial de contaros cómo estamos llevando la situación y qué hacemos para no volvernos locos. Prometo estar más positiva en el siguiente.

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