Escapada con niños a Viena

Viena, la capital austríaca, es un destino muy recomendable para visitar con niños. Tanto por sus puntos de interés, como por su oferta de ocio, gastronomía y alojamientos, después de nuestra escapada de 4 días podemos decir que es altamente recomendable para visitar en familia. ¿Queréis saber más de nuestra escapada con niños a Viena?

Es difícil establecer cuántos días son necesarios para visitar Viena, ya que depende mucho del ritmo que llevéis, la edad de los niños y vuestras aficiones. Nosotros hemos estado 4 días y hemos disfrutado mucho de la ciudad. Como sucede con otras capitales europeas, considero que 4 es el mínimo para poder disfrutar de la escapada con tranquilidad y tener tiempo suficiente para conocer sus lugares más interesantes.

Cómo llegar

Viena es una ciudad muy bien conectada con las principales ciudades europeas. Son varias las compañías que ofrecen conexiones directas con la capital austríaca. Nosotros viajamos con Laudamotion (una filial de Ryanair) desde Barcelona.

Una vez allí, lo más práctico es que cojáis un tren desde el aeropuerto hasta el punto donde os alojéis, teniendo en cuenta que seguramente tendréis que coger algún otro medio de transporte. Pero tranquilos, hay muchas maneras de moverse por la ciudad con transporte público. Ya sea en metro, tranvía o autobús, no tendréis ningún problema.

Cómo moverse

Para ir desde el aeropuerto de Viena al centro de la ciudad hay dos tipos de trenes. Muchos turistas utilizan el City Airport Tren (el precio del billete de ida y vuelta es de unos 25 euros). Es una opción, pero no es la más económica.

La opción B (B de barata) es coger un tren de la línea S7 (pasan a diario desde las 5 de la mañana hasta pasada medianoche) por menos de 4 euros. La diferencia es que tardan 10 minutillos más y que no son tan modernos como los anteriores (pero os aseguro que están genial, nada que ver con los trenes a los que estamos acostumbrados aquí).

Para acabar con el tema del transporte, solo deciros que merece la pena coger alguno de los abonos válidos para todos los medios de transporte públicos (metro, bus y tranvía) durante vuestra estancia. Así, tenéis abonos de 24h (8 euros); 48 h (14,10 euros), 72h (17, 10 e). Lo mejor es que los menores de 6 años viajan gratis y los menores de 15 también (los domingos y festivos y durante las vacaciones escolares).

Otra cosa importante es que para desplazarse con tranquilidad por la ciudad solo hace falta picarlo en las máquinas una vez (a partir de entonces empiezan a contar las horas de uso) y conservar el billete (por si os lo pide el revisor). Pero no hace falta picarlo en ninguna máquina más veces. A mí me parece comodísimo.

qué hacer y qué ver

Y ahora vamos al grano. ¿Qué hacer durante nuestra escapada con niños a Viena? Primero os voy a contar lo que hemos visitado nosotros y también lo que nos ha quedado pendiente (¡siempre hay que dejar algo pendiente para tener excusa para volver!).

Palacio Belvedere (Schloss Belvedere). Se trata de dos palacios conectados entre sí por unos enormes y espectaculares jardines. Por lo que hemos leído y nos comentaron nuestros guías turísticos (mis cuñados que viven allí), no merece demasiado la pena la visita en su interior (a no ser que estéis muchos días en la ciudad). Eso sí, pasear por sus jardines es maravilloso.

Catedral de Viena (Stephansdom). Las catedrales y templos religiosos con un imprescindible incluso para los no católicos. En pleno centro de Viena se encuentra la catedral de San Esteban, un edificio que llama poderosamente la atención por su tamaño y su aspecto. Aprovechad y visitad también su interior (acceso gratuito, pero masificado).

Ópera de Viena. Si por algo es conocida la capital de Áustria es por la ópera. A nosotros el edificio nos pareció impresionante, sobre todo de noche, pero no llegamos a entrar. Visitar su interior también es posible con una de las visitas guiadas que se organizan.

Palacio Hofburg. El día que visitamos el centro de Viena también paseamos por el Palacio Hofburg, un enorme conjunto arquitectónico que fue residencia de los Hamburgo durante más de 600 años. Realmente es impresionante. Edificios, palacios, museos, una capilla, la Biblioteca Nacional Austriaca, la Escuela de Equitación…. y muchas cosas más.

Parques. Es probable que todo lo anterior les sea bastante indiferente a los peques. Pero no pasa nada, porque en cada rincón de Viena hay un parque chulísimo para hacer parada un rato y que los niños corran y jueguen libremente. Los que nosotros vimos poco se parecen a los de aquí. Rodeados de zonas verdes, de madera, enormes y con módulos súper chulos.

Museo de Historia Natural. Otra parada imprescindible para visitar con niños y conocer distintas especies animales, perderse por sus pasillos y tomarse un café en su cuidada cafetería. ¿Lo mejor? El espacio reservado para los dinosaurios, donde hay un réplica a tamaño real con sonido y movimiento que pone los pelos de punta.

Schönbrunn. Me he dejado lo mejorcito para el final. Situado a las afueras de la ciudad, este lugar merece en mi opinión la visita de una jornada completa. Además de ser inmenso, hay muchísimas cosas para hacer allí. Se trata de un conjunto arquitectónico formado por varios edificios y jardines, parques, laberintos, museos y ¡hasta un zoo!

Nosotros nos pasamos todo un día y no entramos en ningún edificio. Paseamos por los exteriores, subimos hasta el edificio situado en la parte más alta, comimos en el restaurante del zoo (el zoo no lo visitamos porque no nos gustan, preferimos ver animales en libertad).

Vale la pena perderse por los jardines sin rumbo fijo y por los laberintos que hay (a los niños les encantarán). El parque hay es de lo mejorcito que hemos visto nunca. Con grúas, poleas, palas y cubos y muchísima arena para pasar un rato entretenidos.

Y para acabar la visita, nos dirigimos el Museo de los Niños, un espacio fantástico donde todos nos lo pasamos genial. En la planta baja, una gran sala ambientada en la época de los emperadores austríacos con mobiliario antiguo y mil y un disfraces para retroceder en el tiempo.

Pelucas, trajes, vestidos y complementos para simular que sois vieneses de alta cuna. Y después, un interesante museo con juegos, juguetes, toboganes, rompezabezas y salas recreando la vida de grandes y pequeños. A nosotros nos fascinó.

Hay varios tiquets disponibles que combinan entradas para ahorrar unos euros. Allí encontraréis toda la información en función de lo que os apetezca ver.

visitas pendientes

Entre las cosas que nos quedaron pendientes, os quiero comentar tres que especialmente me llamaron la atención.

Prater. Conocido por su noria gigante, es el parque de atracciones más grande del mundo. Tiene muchas atracciones, un encanto especial y puestos de comida.

Hundertwasserhaus. Este conjunto residencial destaca por ser casitas con colores llamativos y formas extrañas, donde predominan las curvas y la originalidad.

Vienna Naschmarkt. En Viena también son populares los mercadillos y este es uno de los más conocidos. Tiene más de 120 paradas distintas, sobre todo de comida, donde podéis encontrar sabores de todo el mundo.

Gastronomía

Comer en Viena no es ningún problema porque hay infinidad de bares, restaurantes y locales donde comer. Como ciudad kidfriendly que es, la mayoría de sitios son geniales para ir con niños. Nosotros realizamos varias comidas fuera de casa y fue perfecto. Las elegimos al azar, pero en internet vi varios artículos de restaurantes y locales que, además, cuentan con zona de juego y espacio pensado para los peques.

 

En Viena son típicos los platos de carne. Una de las especialidades es el schnitzel, un filete empanado (estilo cachopo). También encontraréis carnes de caza, ensaladas típicas (alemana, de col). Y, como en toda ciudad moderna europea, pues comida internacional de cualquier punto del mundo (asiática, árabe, pakistaní, americana, italiana…). 

Comer en Viena no es caro. Además, las raciones son muy grandes (más que en nuestro país). Lo que sí es caro es tomar algo. Las bebidas en general me parecieron algo más caras que aquí y las alcohólicas especialmente (por los impuestos). Eso sí, como en otros países de Europa es común pedir agua del grifo para comer. Sana, rica y barata.

Eso sí, paréis donde paréis a comer fijaros bien en los menús. Normalmente cuando traen la carta a la mesa no traen el menú del día, pero suele estar visible en la entrada del local en pizarras o similar. Suelen ser económicos (8-10 euros por persona y ser muy completos, aunque no entra postre ni bebida.

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