Problemas de sensibilidad en la piel y rojeces: rosácea y cuperosis

Este post no tiene relación directa con la maternidad (aunque también hablaré de ella). Hoy quiero hablaros de un problema en la piel bastante habitual últimamente: la rosácea y cuperosis. Hace 4 años que arrastro problemas de enrojecimiento en la piel, concretamente en la cara, y mucha sensibilidad. He pasado por varios tratamientos, algunos de los cuales solo han contribuido a empeorar la situación. Y es por eso que quiero contaros mi experiencia, para que, ante un problema similar, acudáis a un profesional que os trate debidamente.

ROSÁCEA Y CUPEROSIS: ¿QUÉ SON?

rosácea y cuperosisLa rosácea es una enfermedad de la piel cuyos síntomas son el enrojecimiento y la aparición de acné, principalmente en la zona de las mejillas y la barbilla. Afecta a mujeres entre los 20 y los 50 años y también a algunos hombres, aunque en menor medida. Es una enfermedad bastante común y no tiene una cura total, aunque sí que se puede controlar con varios tratamientos.

Hay varios factores que agravan la situación y, por lo tanto, una de las primeras recomendaciones es extremar las precauciones siguiendo estas pautas:

  • Evitar la exposición al sol. Utilizar protector solar de factor 30 o superior, todos los días.
  • Evitar hacer mucha actividad en clima cálido.
  • Reducir el estrés.
  • Limitar el consumo de comidas condimentadas, el alcohol y las bebidas calientes.

Si queréis más información al respecto, aquí encontraréis consejos y tratamientos.

La cuperosis está directamente relacionada con la rosácea y consiste en la aparición de pequeñas venas o capilares en la piel. Los síntomas y factores que empeoran la situación son muy parecidos en ambos casos.

¿CUÁNDO EMPEZÓ TODO?

Es difícil saber exactamente cuando empecé a mostrar síntomas de rosácea y cuperosis en la piel, pero más o menos fue hace 4 años, justo después de casarme. De repente, durante varios días, notaba mucho calor en la zona de las mejillas, como si me sonrojara continuamente, sin motivo aparente. La verdad es que no le di mayor importancia. A la vez, me empezaron a salir como granitos y a secarse la piel de la cara con mucha frecuencia. Navegué un poco por internet sin mucho éxito y lo dejé estar. Pensé que era algo temporal y transitorio propio del calor o del sol (era mayo-junio), y que se curaría solo. Pero no fue así.

Como la cosa iba a más, pedí hora a una dermatóloga. Hasta la fecha no había tenido ningún problema en la piel, así que no tenía un especialista de referencia. Busqué a uno en mi población que me lo cubriera la mutua, y fui. Era una señora muy, muy mayor que, sinceramente, no había visto eso en su vida. Aunque ahora la rosácea es una enfermedad bastante común y casi todos los dermatólogos la conocen y saben cómo tratarla, en ese momento y esa doctora, ni sabía qué me pasaba ni sabía cómo tratarlo. Para mi desgracia, me recetó cortisona para aplicármela en la piel y debía volver al cabo de un tiempo, al finalizar el tratamiento.

Mucho antes de lo previsto, regresé. Mi cara estaba más roja, con más granos (y más feos) y me picaba horrores. Me dijo que era normal (¿?!) y que siguiera con el tratamiento. Y seguí con él unos 15 días. La situación no hacía más que empeorar y volví. La vi realmente perdida, sin solución ni diagnóstico claro (no había puesto ni nombre a lo que tenía) y decidí buscar una segunda opinión.

La segunda dermatóloga que visité sabía perfectamente que eso era rosácea, agravada por el tratamiento inicial: la cortisona. Me dijo que, además, tenía cuperosis y que la cosa tenía mala pinta. Me recetó antibióticos por vía oral (Doxiciclina) y cutánea (Metronidazol), y mucha paciencia. Me mandó además varias cremas especiales para pieles sensibles y enrojecimiento (os hablaré de ellas al final del post) y me dio como recomendaciones básicas: no tomar el sol, usar a diario un fotoprotector de 30 o superior, no tomar la comida muy caliente y/o picante y evitar contrastes de temperatura (mucho frío – o mucho calor) y evitar lavarme la cara con agua caliente.

El segundo tratamiento duró bastantes meses pero funcionó. Lamentablemente, al dejarlo, volvía a empezar el problema, algunas veces, incluso, de forma más virulenta. Con esa doctora estuve mucho tiempo, probando mil y una cremas específicas, volviendo a los antibióticos una y otra vez. Pero cada vez que lo dejaba, vuelta a empezar.

rosácea y cuperosis EN EL EMBARAZO

Cuando me quedé embarazada, mi rosácea estaba bastante activa. Dadas las circunstancias, no podía medicarme, así que decidí apechugar y cuidarme al máximo sin tomar los antibióticos. Misteriosamente, pasado el ecuador del embarazo mi cara empezó a ser otra. Ni una rojez, piel tersa y fantástica, como el culito de un bebé, supongo que debido al subidón de hormonas. Aunque estaba muy contenta, sabía perfectamente que, tras dar a luz, mi cara iba a ser otra vez la de antes. Y así fue. Nada más nacer el peque, volví a tener rojeces, picores, granitos…. Y vuelta a los inicios.

Decidí ir a otra dermatóloga (aunque con la última estaba contenta, era muy partidaria a recetarme mil y una cremas cosméticas que costaban un riñón, y no me mejoraban nada). Fui con el bebé. Y, como es lógico, le comenté que daba el pecho. Arrugó el morro y me dijo que no podía hacer nada si seguía con la lactancia. (Ya empezamos, pensé). Yo sabía que los antibióticos que me había tomado anteriormente eran compatibles con amamantar porque lo había consultado en e-lactancia.org. Pero era, que nanai. Que dejara el pecho y volviera más adelante.

Obviamente, no dejé el pecho. Pero sí que volví en otra ocasión con documentación impresa donde decía que esos antibióticos eran seguros durante la lactancia materna. No sé por qué motivo, se negó a aceptarlo y me fui de allí por donde había venido, y con intención de no volver.

Durante los meses siguientes tuve altibajos con la rosácea y la cuperosis pero, la verdad, centrada en otros temas, dejé un poco de lado el problema hasta hace unas semanas que busqué un nuevo dermatólogo para volver a iniciar algún tipo de tratamiento. Llamadme paranoica pero, en esta ocasión, no he comentado el asunto de la lactancia materna porque me huelo la respuesta y, una vez visto el tratamiento recetado (que es idéntico al que ya me funcionó), he buscado por mí misma los riesgos durante la lactancia. Como no hay ninguno, pues he empezado a tomarme las pastillas una vez al día y el gel que me aplico antes de ir a dormir. En seguida he visto los resultados, aunque mi miedo es que, al dejarlo, vuelva a las andadas. Según el dermatólogo, la rosácea es una enfermedad que bien tratada tiene curación, pero en mi caso, al haberme estado aplicando cortisona tantísimo tiempo, lo único que he conseguido ha sido empeorar la enfermedad y hacerla crónica.

En paralelo, el doctor me ha dicho que siga con las cremas que llevo usando todo este tiempo para hidratar y limpiar la piel, ya que más o menos todas son similares y depende de cada persona van mejor unas u otras. De todas las que he probado, las que mejor me van son las de la gama Sensibio de Bioderma. Actualmente estoy usando la crema hidratante (sólo para casa porque no lleva factor de protección solar; la BB Cream que lleva factor de protección 30 y color, (y ayuda a disimular las rojeces) y el agua micelar, que me sirve para limpiar la piel.

Como os he comentado a lo largo del post, he probado mil y una crema específicas para la rosácea (seguro que me dejo alguna, porque 4 años dan para mucho): Avene, Leti SR, Rosaliac, La Roche Posay… y alguna más de cuyo nombre no puedo ni acordarme.

No quiero acabar el post sin daros algunos consejos que creo que son importantes si estáis en una situación parecida:

  • Protección solar. Es fundamental. Aunque vayáis solo a comprar el pan, no salgáis sin una crema hidratante con un factor lo más elevado posible. Como la tendencia durante este proceso es que la piel sea más grasa, usad cremas ligeras, serums o geles (huid de las que son muy grasas porque os empeorará la situación). Mínimo factor 30 en invierno y los días de poco sol y 50 o más de cara al buen tiempo. Si podéis evitar exponeros al sol, mejor.
  • Lavaros la cara con agua os hará más mal que bien. Evidentemente, cuando os duchéis o en la piscina os mojaréis la cara, pero evitad usar agua para limpiaros la piel, desmaquillaros, etc. Optad por un agua micelar especial rosácea (yo uso la Sensibio, como es decía).
  • Con la rosácea, la piel se vuelve muy sensible al calor y a los cambios de temperatura. Cualquier agente externo que os provoque un sofoco, puede derivar en un nuevo brote (comida muy caliente o picante, alcohol, calefacciones altas, cambio brusco de temperatura…). Parece una tontería, pero no lo es.

Espero que no sea vuestro caso, pero si estáis en esta situación, os agradecería vuestra experiencia en los comentarios.

Nota: este post no es información médica oficial, si no mi propia experiencia. Ante un problema parecido, debéis acudir a un dermatólogo que os dé un tratamiento adecuado para vuestro caso.

2 comentarios en “Problemas de sensibilidad en la piel y rojeces: rosácea y cuperosis

    • Maternitis dijo:

      Hola guapa! Pues he probado muchos productos cosméticos. Que sea ecológico o no, al final es cuestión de que lleve un sello y poco más. Los productos caseros tienen mucho peligro, no me fío! Jajaja Si con antibiótico es un ir y venir…imagínate! Pero gracias por la recomendación! 😉

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