Por un parto respetado

A pocas semanas de dar a luz a mi segundo hijo, me planteo nuevas cuestiones acerca del parto que deseo: un parto respetado. Tal y como sucedió con el primero, tengo muy claro qué cosas quiero y qué cuestiones prefiero que no se den el día del parto, y así las he plasmado en el plan de parto. Sin embargo, llevo días dándole vueltas al tema, porque estoy leyendo mucho sobre partos, nacimientos y experiencias diversas y me topo con algunas cuestiones que me sorprenden y no comparto. ¿Deben ser todos los partos iguales? ¿Necesitamos todas las mujeres el mismo tipo de parto? ¿Deseamos que se den las mismas circunstancias? Yo creo que no, y que precisamente el parto deseado depende de cada mujer. Pero vayamos por partes.

¿Qué entendemos por parto respetado?

Navegando un poco por internet en busca de la definición perfecta, me he topado con El parto es nuestro, quienes consideran que el parto respetado debe garantizar 4 tipos de respeto: el fisiológico, los deseos y necesidades de la mujer, sus derechos y las necesidades y derechos del bebé.

Se puede hablar de cuatro tipos de respeto:

1.- A la fisiología del parto: no hacer nada que vaya en contra de la misma, por eje: obligar a la embarazada a permanecer tumbada yendo en contra de la gravedad y dificultando por tanto el descendimiento del bebé por el canal del parto.

2.- A los deseos y necesidades de la mujer: no impedirle que coma o beba, que esté acompañada por quien ella considere oportuno en cada momento, etc.

3.- A los derechos de la mujer como usuaria del sistema sanitario: fundamentalmente su derecho a la información (existencia de complicaciones, ventajas e inconvenientes de los posibles tratamientos) y a decidir libremente.

4.- A los derechos del bebé, principalmente a estar en contacto con su madre desde el primer momento y poder disfrutar de la lactancia materna sin interferencias.

Como veis, el parto respetado es un parto en el que la mujer decide libremente cómo desea que sea el proceso. Se entiende, obviamente, que se trata de un proceso en el que no hay complicaciones severas y que, por tanto, es un proceso fisiológico natural.

Todo esto está genial, pero ¿qué pasa cuando la mujer quiere o acepta algo que está fuera de lo que se considera parto respetado? Me hago esta pregunta porque estoy leyendo estos días en algunos debates online y grupos en las redes sociales a mujeres que realmente no les importa (diría que incluso lo desean así) que se produzcan ciertas situaciones. Por ejemplo, hay mujeres que no se plantean elaborar un plan de parto, o no tienen intención de expresar sus deseos el día de dar a luz. Las hay que prefieren un parto inducido, o una cesárea. Algunas desean darle leche de fórmula a su bebé y otras han decidido que aceptaran que les hagan tactos vaginales cuando el equipo médico considere, maniobras como la de Kristeller, administración de oxitocina… y muchas cosas más.

En el lado opuesto de la balanza encontramos a mujeres que desean un parto natural, e incluso las hay que quieren dar a luz en la intimidad de sus hogares. ¿No merecen ambas partes el mismo respeto? ¿Porqué intentar machacarlas con cuál es el parto ideal? No te dejes hacer esto o aquello (ojo, no digo informarlas, digo insistir hasta la saciedad en algo que es obvio que ellas no desean).

Yo tengo muy claro cuál es el parto ideal para mí, pero se trata sólo de eso, de MI parto y MI opinión. Y aunque reconozco que me chirrían los oídos cuando oigo a futuras mamás decir que “ojalá sea una cesárea”, “que no importa que sea inducido, que los médicos saben lo que es mejor”, “que dilatar en una bañera o usar pelotas de pilates es una chorrada”, y soy la primera en opinar, lo cierto es que al final es su decisión. Conozco a mujeres que han tenido un parto vaginal y una cesárea y se quedan con la segunda opción, así que cada una sabrá qué es lo que más le conviene.

Lo importante de todo esto, la conclusión a la que llego tras reflexionar, es que lo primordial es tener toda la información disponible para realmente decidir libremente. Uno de los sitios donde mejor os podéis informar es en las clases de educación maternal (que precisamente están para eso) y así poder decidir qué opción es mejor, siempre teniendo en cuenta que en el momento del parto será cuando realmente podréis valor qué queréis o qué necesitáis.

Elegir dónde dar a luz

Cuando sepáis todo lo que queréis… podréis elegir dónde dar a luz. Si vais a las visitas informativas os explicarán las peculiaridades de cada centro, pero no hay que olvidar que al final también depende de los profesionales  que os encontréis en ese momento.

Esta elección es muy importante y muy personal. Para mí hay detalles del plan de parto que tienen poca o ninguna importancia y que, aunque puedo plasmar mi opinión, si en ese momento no se cumple mi demanda, me va a dar igual (es mi decisión). En cambio sí que es importante para mí que el centro tenga UCI neonatal o, al menos, una unidad de curas semiintentivas neonatales y que no esté a demasiada distancia de mi domicilio. Yo doy más importancia a eso que no a que respeten que en el plan de parto he puesto que quiero dilatar en una pelota de pilates, por poner un ejemplo.

Dicho esto, mi pequeña nacerá donde su hermano mayor porque es el hospital que más me convence a todos los niveles. Honestamente, hay que cosas que ojalá fueran distintas (en ese y en muchos otros) pero mi experiencia primera fue positiva así que desde el principio he tenido claro que quería repetir.

¿Cómo fue vuestro parto? ¿Consideráis que fue respetado? Volvisteis o volveríais a repetir?

Deja un comentario