La tabla de recompensas

Hace algo más de un mes pusimos en marcha una herramienta para aprender hábitos en casa y para gestionar mejor las emociones: la tabla de recompensas. Ya os conté que estamos pasando por una etapa confusa para el mayor en lo que a sentimientos y emociones se refiere, demasiados cambios en poco tiempo, sumados a algo que es muy propio de la edad, las rabietas. Así que, bastante desesperada, pensé que quizá sería buena opción elaborar una tabla de recompensas. Os cuento nuestra experiencia.

M. pasó en cuestión de días de ser (casi) un angelito a ser la niña del exorcista. Al dejar la guardería, en pleno verano, se transformó por completo y estaba todo el día enfadado, gritaba, montaba en cólera muy a menudo, no hacía caso… Vamos, una locura. Aún siendo consciente de que se trata de algo normal para la edad, resultaba bastante desesperante, y más sabiendo que venía otro bebé en camino.  Tras probar varias cosas, recordé que en alguna parte había visto una tabla de recompensas y decidí poner en práctica esta herramienta.

¿Por qué una tabla de recompensas?

No sé si desde el punto de vista de la crianza respetuosa, este tipo de tablas están bien vistas. Seguramente alguien me diría que no se trata de premiar y castigar, si no de respetar las emociones de los pequeños… bla bla bla. Es posible que así sea, pero lejos de ser una herramienta de premios y castigos, la hemos hecho un poco nuestra para conseguir nuestros objetivos sin castigar al peque cuando no se cumple lo que esperamos de él.

  1. Controlar algunos berrinches repetitivos
  2. Aprender nuevas rutinas
  3. Mantener la paz y armonía en casa
  4. No volvernos locos

¿Cómo funciona?

La tabla de recompensas no es más que un documento con filas y columnas donde ponemos diferentes comportamientos que esperamos de nuestro hijo y los días de la semana al lado, y día tras día vamos viendo si se cumplen.

Si se cumplen, nosotros colocamos una pegatina verde sonriente. Y si no se cumple, lo dejamos en blanco. Otra opción era poner una pegatina roja o una cara triste / enfadada, pero nos parecía más suave no entrar en enfados, ya que lo queríamos tomar como algo positivo. Al terminar la semana, retiramos todas las pegatinas y volvemos a empezar.

Si al finalizar la semana el balance es positivo, hay una serie de recompensas. En nuestro caso son: ir al parque, elegir un cuento para leer por la noche, subir con papá a la terraza a arreglar las plantas, ir de visita a la biblioteca o salir con la bici. ¿Qué recompensas más simples y cotidianas, no? Bien, eso es lo mejor de todo. Hemos elegido cosas simbólicas porque para M. la verdadera recompensa es simplemente poner la pegatina, porque en realidad no estamos otorgando un premio al acabar la semana y esas acciones ya las hace normalmente (ir al parque, elegir su cuento, salir en bici…). Y, por supuesto, no premiamos con golosinas, chocolate y porquerías.

Involucrar al niño

Para que la tabla de recompensas funcione, hay que involucrar al niño, explicándole qué vamos a hacer, cómo funciona y qué esperamos de él. Lo primero es leerle la lista de acciones (que no debe ser excesivamente larga) y asegurarnos que las comprende.Para los niños más pequeños, conviene añadir dibujos sencillos que acompañen al mensaje, ya que será en lo que ellos se fijarán.

Es fundamental escribir acciones realistas que el niño ya conozca y sepa hacer por si mismo (o con algo de ayuda). Por ejemplo, en el caso de un niño de 3 años podemos poner quitarse los zapatos pero no preparar unos macarrones. Es decir, que la tabla contendrá inputs en función de la edad, habilidades y madurez de cada crío, y a medida que tiene unas etapas superadas se pueden modificar y añadir nuevas acciones.

En nuestro caso, hemos colocado la tabla de recompensas y las pegatinas a su alcance, colgadas de un imán en la nevera, para que él mismo pueda colocar la cara sonriente cuando hace una tarea.

Ejemplos

Para que no se le hiciera una montaña y la idea de la tabla de recompensas cayera en saco roto, algunas de las acciones ya las tenía bastante asumidas (aunque algunos días provocaban algún enfado sinsentido). Estas son las primeras tareas que hemos puesto:

  • Cuando llego a casa, me lavo las manos
  • Hago pipí solo
  • Apago la tele cuando me lo dicen papá y mamá
  • Me visto solo (los papas me ayudan)
  • Me lavo los dientes
  • Recojo mis juguetes
  • Pongo la mesa
  • No chillo ni me enfado

Para nosotros (y el motivo principal de poner la tabla de recompensas en marcha) eran importantes la de apagar la tele sin montar en cólera, no chillar ni enfadarse sin motivo (parece una tontería pero cuando cualquier mini-diálogo acaba en rabieta, es una tortura)  y lavarse las manos al llegar a casa. El resto, que también son importantes, las iba haciendo más o menos con anterioridad.

Resultados

La tabla de recompensas está siendo un éxito. Como os contaba, el simple hecho de poner o no poner una pegatina es la verdadera recompensa para él (no sé lo que durará…). Cuando llega a casa automáticamente se quita los zapatos (que no sale en la tabla pero lo hemos añadido verbalmente), y se va al baño a lavarse las manos. Si llega muy nervioso o alterado hay que recordárselo pero normalmente lo hace por sí mismo y, lo que es más importante, no hay una escenita cada vez que hay que hacer eso.

También ha interiorizado otras acciones como ir a hacer pis solo (llevaba unos días que jugando o viendo la TV se olvidaba y apuraba demasiado o llegaba tarde), cuando le decimos que hay que apagar la TV, lo hace sin rechistar, recoge sus juguetes y está mucho más calmado, evitando gritar y enfadarse por cualquier cosa.

Para nosotros la tabla de recompensas está siendo una herramienta muy útil en esta etapa tan complicada. Ponerla en marcha no cuesta nada y es una forma de gestionar mejor sus rabietas.

¿Cuáles son vuestros trucos y herramientas para sobrellevar las rabietas? ¿Conocíais este tipo de ejercicios?

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