Historia de un destete

26 meses. Eso es exactamente lo que ha durado la lactancia materna con mi pequeño. Tras poco más de 2 años, M. ha decidido que no quiere más pecho y se ha destetado, solo y de forma respetuosa. Y hoy os voy a contar la historia de nuestro destete, o mejor dicho, la de nuestra lactancia, destete incluido.

Nuestra lactancia empezó, como muchas, de forma complicada, pero poco a poco fue cada vez mejor hasta convertirse en una auténtica maravilla y un disfrute para todos. No pensé nunca hasta donde llegaríamos con la lactancia. Nunca puse un objetivo ni un límite. Hay mamis que se plantean y mentalizan para dar el pecho al menos 3 meses, luego 6… y así cada una. Yo no. No me planteé ni una semana ni un año. Simplemente decidí darle el pecho. Aunque muchas veces quise tirar la toalla, sobre todo el principio.

20150526_150550Marc nació por cesárea porque a pocas semanas de salir de cuentas, seguía de nalgas completas. Tras intentar girarlo de todas las maneras posibles, mi parto llegó un poco antes de lo esperado y mediante una cesárea. Las primeras dos horas, vitales para mamá e hijo para que se conozcan y empezar con la lactancia materna, estuvimos separados. En realidad fueron casi tres. Así que todo se demoró y complicó un poco. Además, la primera enfermera de pediatría que nos trató tras subir a planta, consideró que mi bebé estaba muerto de hambre desde el principio e insistió en que debía, sí o sí, tomarse un biberón. Y yo, cansada de luchar, de protestar y de pensar… se lo di. Y la cosa se complicó aún más.

Una subida de leche muy fuerte, un pequeño que tenía hambre pero que no se podía enganchar bien y mucha desesperación. Con pezoneras y agotados dejamos el hospital a los 3 días para continuar con una lactancia que se suponía bien establecida. Ja. Ni de broma. Pero yo, erre que erre. Insistí, busqué apoyo en el grupo de lactancia y me encabezoné en que aquel primer biberón no nos iba a fastidiar nuestras intenciones.

Y lo conseguimos. Poco a poco fuimos abandonando las pezoneras y él fue mamando sin ayuda y sin dificultades. M. se pasaba el día mamando, una toma tras otra y de los dos pechos. Era tan tragón… Las noches eran muy complicadas y la falta de sueño me provocaba querer desesperadamente darle un biberón para poder descansar. Pero lo superé. Y continuamos con la lactancia materna exclusiva 6 meses y después iniciamos la alimentación complementaria, primero ofreciendo el pecho, y después la comida.  Y pasaron los meses, el peque hizo un año, y seguíamos con una lactancia que era fantástica y maravillosa. Primero la teta, luego lo demás.

15 meses, ¿se acabó?

Esta manera de alimentarle, con el pecho siempre primero, duró bastante, como un año. Alrededor de los 15 meses, yo dejé de ofrecerle el pecho y él, que ya comía de todo desde hacía tiempo, dejó de pedirlo. Y durante unos días tuvimos un amago de destete. Al no pedir, y no ofrecerle… Pero me dio mucha pena. Yo no estaba preparada para que se destetara y decidí volverle a ofrecer a menudo. Quiero dejar claro que ofrecer a menudo no es sinónimo de obligar (es imposible obligar a un niño a mamar, si no quiere, no quiere).

Y así, lo que pareció un destete se convirtió en todo lo contrario. M. empezó a reclamar pecho muy a menudo, cada vez que me veía sentada o lo cogía encima mío, “quería tetita”. Es algo bastante propio de esa edad. Mis tetas se convirtieron en un self service, él pedía y si yo me hacía la despistada, me levantaba la camiseta, buscaba, protestaba y, como ya hablaba hasta por los codos, las pedía a gritos. Y yo me empecé a agobiar.

No es que no quisiera darle pecho, si no que no me valía el “aquí y ahora” que se había impuesto y me daba bastante palo continuar con aquello… Pero, a la vez, entendía que no era el momento de destetarlo, porque no iba a ser ni razonado ni respetuoso. Así que intenté tener paciencia… Pero dejé de ofrecerle radicalmente. Ya se encargaba él de pedir. El hecho de dejar de ofrecer supone para algunas familias el destete definitivo. “No negar, no ofrecer” es algo que se recomienda en muchos casos para destetar a los peques, pero creo que eso funciona en algunas etapas, y en ese momento yo sabía que no iba a ser así.

Cuando M. tenía 20 meses me incorporé a un nuevo trabajo. Nuevas rutinas, nuevo horario y, por supuesto, menos mami y menos teta. Pero era llegar a casa y sentarme para estar con él… y solo quería teta. Esos momentos también me agobiaban un poco pero intuí que sería temporal. Lo bueno es que la demanda de pecho solo se producía en casa, por lo que me he ahorrado esas escenas de pedir teta en la cola del súper, en el parque o de camino a casa.

Destete nocturno

Desde que empecé a trabajar, hacíamos una o dos tomas al día y la de la noche, para dormirse. Aunque eran pocas, a mí la lactancia ya me cansaba un poco… sobre todo la toma nocturna. Así que intenté quitar la toma de la noche, en parte para que se fuera acostumbrando a dormir sin la teta.

Algunas personas utilizan el plan PADRE para estos casos, es decir, el padre se encarga de dormirlo y prestarle atención si se despierta para que no pida pecho. Aquí, al no haber consenso, ni lo intentamos. Lo que sí probé con bastante éxito fue el darle agua. Cuando se despertaba por la noche le decía si tenía sed, se cogía su vasito, bebía bastante y se volvía a dormir (lo que me indicó que tenía bastante sed). La rutina de leerle el cuento, hacer que se tumbara y relajara funcionó solo algunas pocas veces, así que la teta seguía siendo la prota noche tras noche.

26 meses

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Esta es la última imagen que tengo del peque mamando. Un bonito recuerdo que nos acompañará siempre.

Desde que cumplió los dos años, además de no ofrecerle, en alguna de las ocasiones que me ha pedido pecho he tratado (sin mucho éxito) que hiciéramos otra cosa, como jugar o leer un cuento. Pero a partir de los 26 meses la cosa fue funcionando más y más. La clave fue que durante 4 noches se durmió sin pedir pecho, solo. Durante el día tampoco me pidió, así que yo me mentalicé que se acercaba el fin de la lactancia. Pese a las ganas que ya tenía de destetarlo, la pena se apoderó de mí y en alguna ocasión se me pasó por la cabeza volver a ofrecerle (lo sé, no tiene sentido pero es así).

A la quinta noche, me pidió pecho. Y me negué. No es excusa, pero estaba muy dormida y me pareció el cuento de nunca acabar y le dije que no (error, porque no era el destete respetuoso que yo quería y se montó un buen pollo, lagrimones incluidos). La sexta noche, me volvió a pedir y me resigné y le dí pecho. Y NO SABÍA MAMAR. Ponía la boca muy rara, no succionaba bien y claro, se frutó bastante. Me quedé a cuadros y él mismo me dijo “no surt lleteta” (que no salía leche) y le dije que lo podíamos intentar al día siguiente. Y nunca más me ha pedido. Bueno, miento. Un día que jugábamos me mencionó el tema (casi me da un patatús) pero él mismo se puso a jugar a otra cosa y se olvidó de ello.

Y hasta aquí hemos llegado con nuestra lactancia materna. Pese a todos los momentos vividos, algunos realmente malos y de mucho agobio, de la experiencia de estos meses solo puedo quedarme con los momentos geniales que nos ha dado la lactancia. Miradas, risas, caricias y mucha complicidad que espero volver a repetir si algún día vuelvo a ser mami.

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