Carta a una mamá primeriza

Querida mamá primeriza,

No nos conocemos de nada ( o quizá sí, quién sabe) pero tengo algo que contarte. Probablemente la maternidad no es como te la imaginas. Seguro que en tu cabeza has hecho algún mapa de cómo debe ser eso de ser mamá. Estoy convencida que lo has idealizado, incluso. Siento ser yo la que te diga esto pero… ser mamá es duro, muy duro. No, no te asustes y sigue leyendo, porque también es una experiencia alucinante y muy gratificante.

Quiero contarte algunas cosas sobre la maternidad que quizá no sabes. Vas a ser el blanco de muchas críticas. No sé si empezarán cuando tu barriga coja volumen o cuando ya tengas al bebé en tus brazos, pero te van a criticar. Si has decidido dar el pecho, habrás hecho mal. Y si has decidido alimentar con leche de fórmula, también. No importa cuál sea tu deseo y tu decisión, vas a tener que aguantar comentarios cuestionándote el porqué de esa elección.

Tranquila, pasarán. Pero vendrán otros. Como madre primeriza no sabes nada del mundo. No importa lo que hayas leído, con quién hayas hablado, la formación o los pensamientos que tengas. Amiga, eres nueva en esto y no tienes criterio. Nadie se creerá que lo tengas. Aunque hayas llevado a tu hijo nueve meses en tu vientre. De ahora en adelante, todo el mundo sabe más que tú.

Es probable que la primera bofetada de realidad te la lleves cuando salgas del hospital. En el centro donde des a luz todo será paz y seguridad (estar rodeado de un montón de batas blancas es reconfortante y tranquilizador) pero un buen día llegarás a casa con un ser de unos 3 kilos de peso, pequeño e indefenso que no conoces de nada. No te conoce de nada. Bien, no es exactamente así. El bebé sí sabe quién eres. Casi mejor que tú en estos momentos, que estás sobrepasada por las circunstancias. Te preguntarás… ¿y ahora, qué?

Una vez en casa es normal que te sientas perdida. Bienvenida a la peor etapa: el posparto. Si no te gustan las montañas rusas, esto no te gustará. Y si te gustan, tampoco. El posparto es como perderse en un bosque, sola, con frío y mal tiempo. Puede ser que encuentres el camino rápido, o que incluso te ayuden, o, en cambio, que tardes un poco más de la cuenta en saber por dónde debes pisar para dirigirte a la salida. Sea como sea, saldrás. Si ves que te cuesta un poco, grita. Pide ayuda. Refúgiate en tu entorno, en una amiga. Coge esa mano que ves ahí delante y avanza. Siempre avanza y no te quedes atrás.

En algún momento es probable que te sientas acorralada. Los comentarios, las visitas, las presiones… Todo el mundo quiere coger a tu bebé y tu quieres protegerlo. No quieres que lo toquen, que se lo pasen como un balón… No le dejan descansar, ni comer, ni dormir…. Te sientes como un animal en una jaula al que le quieren arrebatar a su cría y vas a sacar las garras. Y no lo entenderán. No importa. Que no te importe.

Tu no vas a volver a ser la misma.  Y tu pareja, tampoco. No importa los años que llevéis juntos, vas a descubrir a otra persona. Su mejor y su peor parte. Sí, vais a discutir. Me atrevería a decir que bastante. Pero también pasará. El amor lo puede todo y un día las cosas volverán a su sitio.

Tu bebé va a llorar. Mucho. A veces sabrás qué le pasa. Otras, no. Algunos días estarás feliz y radiante y lo calmarás en seguida y, otros, estarás cansada y desesperada y no sabrás qué hacer. Habrá días quieras estar sola, encerrarte en el baño y desaparecer. Hazlo, tranquila.

No eres mala madre por necesitar estar sola. Por necesitar respirar hondo y contar hasta 10. O hasta 20. No querrás gritar, ni reñir, ni castigar a tu hijo pero lo harás. No pasa nada. Si te equivocas, pide perdón.

Ahora que eres mamá, vas a pasar sueño. Mucho sueño. Puede que sea a diario porque tu hijo se despierte a menudo o, con suerte, muy de vez en cuando, solo cuando esté malito. Pero te aseguro que si hay un sinónimo para esto de ser madre es el de agotamiento. Físico y mental. Día tras día. Las 24 horas los 365 días del año.

Ah, y no se te ocurra ponerte enferma. Ponerte mala siendo madre no es una buena idea. Eso de encontrarte mal y meterte en la cama con una taza de leche caliente, el mando de la tele y tu revista preferida hasta que mejores, olvídalo. Como mucho, podrás sentarte en el sofá, medio zombie, mientras suena de fondo la musiquita de los dibujos de turno.

Como madre vas a entender el verdadero significado de utopía porque oirás que unos señores de la OMS recomiendan que des el pecho a tu bebé 6 meses pero las leyes de tu país te obligarán a volver al trabajo mucho antes. Ahora que le habías cogido el truquillo a esto de ser madre, lo tenías todo bajo control y tu bebé empezaba a interactuar y a aprender una cosa nueva cada día, tienes que abandonarlo unas 8 horas diarias. Descubrirás que conciliar trabajo y maternidad es imposible y que para llevar una vida medio normal, en familia, tendrás que hacer auténticas malabares.

Pero, querida mamá primeriza, vas a aprender tantas cosas. De hoy en adelante, no vas a dejar de descubrir cosas nuevas. Aprenderás a querer a ese ser tan diminuto con toda tu alma. Aprenderás a verlo todo a través de los ojos de un niño. A un metro de altura, las cosas se ven de otra forma, créeme. Descubrirás nuevas palabras, una risa contagiosa, los abrazos eternos, los besos pegajosos. Entenderás lo profundo que llega el dolor ajeno y descubrirás nuevos miedos. Volverás a ir al colegio de nuevo, te ensuciarás, saltarás, correrás y te agotarás cada día. Vas a ser inmensamente feliz. Bienvenida a tu nueva vida.

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