Biencriando a mi hijo

Estoy muy preocupada. El pasado fin de semana un señor que no conozco de nada me hizo un comentario al ver que mi marido porteaba a mi enano para que se echara una siesta. Me dijo: ¡te vas a pasar toda la vida durmiéndolo en brazos! Y claro, ¿cómo no voy a darle vueltas al tema? No, lo que me preocupa no es pensar que eso vaya a pasar; lo que me angustia es pensar cómo los seres humanos nos metemos en la vida de los demás así, porque sí.

Pues sí, soy de esas madres que duerme a su hijo en brazos. Y le acurruca. Y le da pecho a todas horas. Y duerme con él. Y le besuquea sin parar. Soy muy mala madre, ¿verdad? Como  escuché decir a una amiga mía hace relativamente poco: los niños que se crían así, de mayores no van al psicólogo a decirle “estoy muy deprimido porque de pequeño mis padres me querían mucho y me daban muchos besitos”. ¿A qué no?

Mamá

Mamá “malcriando” mucho a su hijo. Foto: Pixabay.

No quiero decir que tengáis que dormir con ellos o darle pecho. Haced lo que queráis. Pero no dejéis que os llenen la cabeza con prejuicios y chorradas. ¿Qué tiene de malo dormir con nuestros hijos si nos da la real gana? ¿Y pasar el mayor tiempo posible con ellos? ¿Y tenerlos en brazos todo el día o portearlos? ¿Y darle el pecho a demanda? SE VAN A ACOSTUMBRAR,  os dirán. ¿A qué? ¿A que les queramos mucho, mucho? Ojalá. No, os cansaréis de oír que se van a acostumbrar a estar todo el día en brazos, que luego serán unos tiranos; que es muy mala idea dormir con ellos porque se irán a la mili y necesitarán a su madre para dormir (ejem). Yo no dejo de ver adultos en brazos de sus ancianos padres todos los días. Debe ser porque se acostumbraron de pequeños. Fijaros si se acostumbran, que mi hijo, que está empezando a dar sus primeros pasos y explora nuestra casa a la mínima oportunidad, quiere que lo baje al suelo cada dos por tres, o me aparta cuando llevo un rato comiéndomelo a besos.

LO ESTÁS MALCRIANDO. Malcriar a un hijo es criarlo mal. Es darle cosas que no le hacen bien, tratarlo de mala manera y ya, en un extremo, maltratarle. Es precisamente eso que nos proponen que hagamos los detractores de la crianza con apego: dejarlos llorar sin consolarlos, no hacerles caso cuando nos necesitan, ignorarles. Yo no hago eso, yo lo biencrío. Biencriemos a nuestros hijos, por favor.

Yo no sé vosotros, pero yo pienso aprovechar estos momentos y mimarlo al máximo. Porque con lo rápido que pasa el tiempo, ya mismo me veo despidiéndome de él a 200 metros del cole para que no nos vean sus amiguitos. Disfrutad y criar a vuestros hijos como os dé la gana.

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